Ramona García Fernández

Los últimos besos a la madre que siempre sonreía

Lucía Rey | La Voz

«Cuando estuvimos tomando café juntas en aquella cafetería de Piedras, te cubrí de besos. Al día siguiente nos llamaron del centro para decirnos que había casos de covid-19 y no nos dejaron verte porque estabais todos aislados. Tu fuiste una de las contagiadas por ese maldito virus. El día 14 de abril nos dejaste para siempre. ¡Quién me iba decir que aquellos besos que te di iban ser los últimos, sin poder despedirte! Hasta siempre mamá». Carmen Martínez García escribió estas emotivas palabras en un correo electrónico que envió a La Voz de Galicia. Esta vecina de Foz quería rendirle así un pequeño homenaje de despedida a su madre, Ramona García Fernández, que falleció el pasado 14 de abril a los 92 años como consecuencia del coronavirus. La mujer, que era natural de La Roda, en Tapia de Casariego, en el occidente asturiano, vivía en un geriátrico situado en Piedras Blancas, en Castrillón, aunque sus hijos la visitaban y la sacaban a pasear a diario. «Lo más característico era el humor que tenía. Aún se seguía disfrazando y tenía unas ganas de vivir enormes», relata Carmen, que recuerda cómo Ramona vivió la Guerra Civil y superó las penurias que vinieron después. «Trabajó en el campo y crio cuatro hijos (tres mujeres y un hombre) con muchísimo sacrificio», relata Carmen, que cada fin de semana cruzaba el Puente de los Santos, en Ribadeo, para pasar tiempo con su madre. «No le gustaba estar en el centro, y por eso o mis hermanos o yo la sacábamos todos los días», evoca con una sonrisa. La mujer nunca podrá olvidar la que a la postre se convertiría en la última vez que vio a su madre, que tenía 4 nietos y 3 bisnietos. «Ella era muy cariñosa y siempre le di muchísimos besos, siempre se los daba porque me salía así. Pero ese día, no sé, sentí algo especial y estuve achuchándola seguido, acariciándola… ¡Quién me iba a decir que iban a ser los últimos!», expresa con pena, antes de relatar qué ocurrió después. «El jueves o el viernes nos llamaron diciendo que habían aparecido varios casos de coronavirus en la residencia y que estaba aislada. A los cuatro días ya la ingresaron en el hospital de Avilés. Los primeros días pudimos tener algo de contacto, pero después ya estaba con el oxígeno, las vías…», evoca con una tristeza que traspasa. «Llamaron a mi hermana el día que murió y al siguiente la incineraron. Solo pudieron ir mi hermana, mi hermano y mi sobrino. Tan triste como eso». La familia tiene la cenizas en casa, a la espera de que el estado de alarma se relaje. «Éramos conscientes de que un día u otro tenía que ser, que nuestra madre era muy mayor. Pero que se iba a ir con nosotros acariciándola, besándola, pero no así…», concluyen sus hijas Carmen y Concepción.