Ramón Romero Lampón

Un trabajador al que la vida puso muchas veces a prueba

A. Lorenzo | La Voz

Hay ocasiones en la vida en que todo comienza a ir cuesta abajo, y son más los reveses que las alegrías. Ramón Romero nunca pudo superar que un cáncer le arrancara la vida a su único hijo cuando apenas tenía 49 años, lo que provocó que incluso sufriera un infarto. Pero las malas noticias no se quedaron ahí, y al poco tiempo fallecía su mujer, obligando a Moncho de Nogueiras —como era conocido en la parroquia boirense de Lampón—, a irse a vivir con una sobrina y su familia.

Con todas estas penas en la maleta, Moncho se había vuelto una persona bastante callada, aunque siempre recobraba el humor y la conversación con los nietos de su sobrina, con los que en estos últimos años había compartido muchas tardes de paseos y juegos. Y, aunque desde hacía tiempo tenía sus achaques, iba tirando hasta que el coronavirus se cruzó en su camino. «El non merecía isto», lamentaba Carmen Ramallo, que se hizo cargo de él cuando se quedó solo.

Recuerda que su tío embarcó de muy joven y anduvo navegando por todo el mundo, e incluso aprovechaba estos viajes para visitar a parte de la familia que tenía en Argentina y Estados Unidos. Tras tres décadas en el mar, Moncho decidió poner en marcha una granja de cerdos en un terreno al lado de su casa de Lampón. Poco tiempo después, surgió la posibilidad de entrar como operario en el Ayuntamiento de Boiro, así que formó parte de las brigadas municipales hasta que se jubiló. 

Después de tantos años trabajando y cuando se disponía a disfrutar de un merecido descanso, la vida lo puso a prueba y tuvo que despedirse a la fuerza de su familia, un golpe muy duro del que nunca pudo recobrarse.