Pedro Rodríguez

El coronavirus truncó el deseo de Pedro Rodríguez de morir en su casa

X. R. Alvite | La Voz

El coronavirus no dejó que Pedro Rodríguez Gallardo cumpliese su sueño de morir en su casa de Santabaia, en la parroquia mazaricana de Chacín, donde pasó toda su vida. La enfermedad se lo llevó por delante el 20 de abril, pocos días después de haber cumplido los 92 años de edad en la residencia DomusVi de San Lázaro, en Santiago, adonde había sido traslado a mediados del 2017.

«Aínda que sempre se valeu por el mesmo —con 85 años seguía conduciendo y era habitual verlo haciendo recados por A Picota, la capital municipal—, nos últimos tempos pegou un baixón grande tanto fisicamente como de cabeza, e xa foi cando o trasladaron a unha residencia», explica una familiar lejana con la que apenas mantenía trato. «Foi sempre moi independente e iso para algunhas cousas é bo e para outras malo. Que descanse en paz, espero que non sufrise moito porque levou unha morte ben triste», apunta esta mujer, que incluso desconoce si fue enterrado o no en el cementerio de Santa Eulalia de Chacín donde está el panteón familiar.

En realidad, nadie lo sabe en la parroquia, porque coincidió con los días más complicados de la pandemia y porque Pedro da Añajota, como lo apodaban, no dejó familia directa. Tanto su esposa como las dos hermanas con las que residía fallecieron bastante antes que él. También lo hizo, con apenas 40 años, el único hijo que tuvo. Fue en un fatal accidente de tractor cuando retiraba madera del monte, circunstancia que lo marcaría de por vida, según cuentan los que lo conocían.

En Santabaia ya solo quedan dos casas habitadas, un hotel rústico con escasa actividad y las ruinas de una preciosa iglesia de principios del XVIII con su cementerio y su casa rectoral. Lugares por los que era habitual ver a Pedro sentado en una piedra vigilando cómo pastaban las cuatro o cinco vacas rubias que mantuvo hasta que empezaron a fallarle las fuerzas y donde, como repetía siempre que salía el tema, quería morir tranquilo. 

No pudo ser. Muy a su pesar falleció en una residencia de Santiago convirtiéndose en la primera y, hasta el momento, única víctima del coronavirus en el municipio de Mazaricos.