Luz Camiña Bastos

Lectora empedernida, gran repostera y maestra de calceta para las nuevas madres

C. Punzón / La Voz

Luz Camiña Bastos (93 años) fue una de las primeras personas a las que el coronavirus se llevó en Cangas sin que su familia pudiera saber de su estado, verla, despedirse. Pero su recuerdo vital permanece en boca de su hijo Manuel.

Lectora de cuanto caía en sus manos, Luz era descendiente de estirpe marinera, como casi todo Cangas. Los hasta tres barcos que sus antepasados llegaron a sumar en el primer tercio del siglo pasado reflejaban una posición cómoda que, sin embargo, ella no pudo disfrutar en lo afectivo. Su madre murió cuando contaba solo con 2 años, y su padre cuando tenía 7.

Pero el mar volvería a su vida de la mano de su marido Segundo, O Sono, como era conocido en la villa de O Morrazo. Él fue una personalidad muy reconocida en el pueblo, al haber sido designado encargado de la carpintería de ribeira del imperio que los Massó levantaron en Cangas, cuando aquella factoría daba trabajo a media comarca y también a Vigo.

Luz fue tendera de un establecimiento de ultramarinos en la céntrica calle Lirio. En aquella tienda hizo sitio a una de sus pasiones: la repostería. Seguía al pie de la letra las recetas que investigaba en algún libro y las que con su prima, su apoyo familiar durante la infancia, juventud y toda su vida, se atrevían a probar con aquella leche Larsa que la firma viguesa escogía con mucho tino a quienes podían venderla. Luz fue una de las dos personas que tenían en Cangas las bolsas diarias de la leche gallega.

Su hermano Antonio Benigno fue alcalde entre 1963 y 1965, años en los que consiguió que se construyese el dique de abrigo del muelle de la villa marinera y la firma que certificaba la creación del primer instituto que se levantaría ante la playa de Rodeira. Antonio falleció en octubre, a los 96 años, y antes lo hizo su otro hermano, Estanislao, Lao, Barbazul para la mayoría. 

Sin la tienda ya desde hace años y dedicada a su hogar, se convirtió casi sin quererlo en maestra de la calceta, sobre todo para todas las vecinas que querían preparar la canastilla a los que estaban a punto de nacer en el Cangas de Luz Camiña.