José Castiñeira Pensado

«Era un home moi sociable e alegre»

X. Ameixeiras | La Voz

En O Esto (Cabana de Bergantiños) se acordarán durante mucho tiempo de José Castiñeira Pensado, un hombre sociable y alegre, de esos a los que los vecinos le quieren bien y que siempre desean tener a su lado para hablar de la vida, de los recuerdos y pasar el tiempo de modo agradable. José se fue con su esposa a Alicante a ver a unos familiares y ya no pudo regresar en el avión que habían reservado para volver. Los días felices que pasaron con los parientes se agriaron de repente. Los atrapó la trampa de la pandemia y una pareja de inofensivos jubilados se vieron golpeados por el infortunio. Tuvieron que peregrinar de estación en estación de tren y fue ahí donde parece haberlos pillado el coronavirus que a él se lo llevó en la soledad de la uci, como a otros muchos en estas semanas. «Deberon de contaxiarse na viaxe de volta», cuenta su hija Sandra, aún afectada por una pérdida que le va a «quedar gravada» para toda su existencia.

José fue de esos hombres que tuvo que lucharse la vida día a día. De los que tienen que ganarse el pan con el sudor de su frente y a los que nada les es regalado. Fue albañil, conductor, emigrante, trabajador en suma, en el ramo de la construcción, donde el sueldo se conquista a base de castigar el cuerpo.  Salvo un año que pasó en Suiza probando suerte, luego anduvo por construcciones de A Coruña, Lugo, Pontevedra y, en los últimos años de profesional, en una empresa de Arteixo. Por lo demás, lo que recuerdan los suyos y el orgullo de la familia es que fue un «home aberto e sociable», describe su hija, quien añade: «Todo o mundo lle quería ben». 

Llevaba 48 años casado con María Preciosa Souto Rama, que también tuvo que luchar contra el virus y después de mucho sufrir logró vencer el ataque, pero con la baja dolorosa de su esposo. Próximamente cumplirían su 49 aniversario de boda, pero esa ilusión ya se quedó por el camino. Tuvieron cuatro hijas, Margarita, Sandra,  Mónica y Vanesa. Les dieron siete nietos, que desde que se jubiló eran una de las principales ocupaciones de José. Su pasión en los últimos tiempos eran sus niños. No medía las horas que pasaba con ellos. Todo cuanto no había podido darles mientras trabajó lo estaba recuperando con creces. «Agora bótano moito de menos», cuenta Sandra, sobre todo el pequeño de cuatro años. «Pregunta tódolos días por el», cuenta.