Felisindo Plaza Gómez

Un comisario conocido por su sentido del humor

Rubén Plaza Martínez, hijo

Felisindo, o Félix el lindo, como a veces decía que se llamaba, nació en Ourense en 1949. En septiembre de 1969, tras aprobar la oposición a inspector, comenzó a trabajar en la comisaría de Vallecas. En junio de 1972 se casó en Vigo, con Mariló. Me referiré más a su vida profesional porque a mi padre le apasionaba su trabajo. De ese período en Madrid, donde estuvo más de quince años dedicado a la investigación criminal, él siempre recordaba las Nocheviejas en la Puerta del Sol, evitando que carteristas comenzaran el año fastidiando las fiestas a los ciudadanos, o el caso del secuestro del padre de un famoso cantante, para destacar el buen trato que les dio, a todo su grupo, esa familia. En 1986 promocionó a comisario, una vez transcurridos los 15 años que se requerían como inspector, y fue uno de los comisarios más jóvenes de su generación. Poco después de esa promoción fue destinado a Pamplona, donde primero se encargó de la brigada judicial, para después asumir, con mucho éxito, la brigada de información. Basta tirar de hemeroteca para ver los frutos de su intenso trabajo en la defensa de los derechos y libertades de todos nosotros. Fueron años duros, recuerdo ese temor cada vez que salíamos juntos o cómo de forma velada, si se puede decir así, comprobábamos si había alguna sorpresa aguardando debajo del coche. En 1996 promocionó a comisario principal, y fue de nuevo una de las personas más jóvenes con este rango. Después de esa promoción logró destino en su querida Galicia, primero en Pontevedra, como segundo de a bordo y después en Santiago, como comisario jefe. No sé si está bien que yo lo diga por ser su hijo, pero si una persona se merecía ese ascenso, ese era él. En ese puesto recibió el nuevo siglo.

Tanto esfuerzo y sacrificio personal no merecieron ese abrupto final que tuvo esta etapa. No es momento de reproches, mejor quedarse con lo bueno. Como él decía, «soy policía, no político», y eso le provocó enemistades. Allá cada uno con su conciencia, puedo decir que la suya estaba muy tranquila.

A mi padre le encantaba la caza, el cine y veranear en su Galicia natal, recuerdo esos viajes en coche desde Madrid o desde Pamplona y cómo al llegar al Padornelo, tocaba poner su casete de música tradicional gallega. Era conocido por su sentido del humor; siempre que podía, te contaba un chiste. Los padres de Felisindo fallecieron con anterioridad. Le sobreviven su esposa, Mariló, sus dos hijos, Félix Ángel y Rubén, y sus dos nietos, Miguel y Matteo.