Antonio Barcón Sanjurjo

«Enfermaron os dous o mesmo día; el morreu e ela saíu da uci esta semana»

C. López | La Voz

Algunos lo conocían como Antonio da Sala, por el nombre del lugar de la parroquia ortegana de Couzadoiro donde nació. Tenía 70 años y había logrado superar dos infartos, uno en el 2008 y otro en el 2010, así como una operación de aorta en el 2014, cuando ya estaba jubilado, según apunta su único hijo, Manolo, que es conductor de ambulancia. Pero el covid-19 pudo con Antonio Barcón Sanjurjo y a punto estuvo de llevarse también a su esposa, Isabel Blanco Pena, de 69 años, que, tras 56 días en la uci, el pasado lunes, día 18, fue trasladada a una habitación «normal» del hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, después de varios resultados negativos en las pruebas de coronavirus. 

Antonio era un hombre abierto y «falangueiro», que se acogió a la jubilación anticipada a los 63 años, por el coeficiente reductor de haber trabajado en el mar y en la pizarra. Pero seguía siendo muy activo; le encantaba dar paseos con su perro y también «argallar» en el monte con el tractor.

Su vida laboral comenzó con solo 16 años en la pesca, como muchos de sus vecinos de Ortigueira, después estuvo un tiempo transportando madera en un camión, hasta que entró en la empresa Pizarras Campo, y entre 1981 y el 2002 fue taxista, para ponerse de nuevo al volante de un camión en una cantera de Cariño otros once años, hasta el 2013, que se jubiló.

Antonio e Isabel, su esposa, vivían en Couzadoiro, a unos cien metros de la casa en la que él había nacido. Los jueves solían acudir al feirón semanal de Ortigueira y así lo hicieron el pasado 12 de marzo. Era un día especial, por lo que no regresarían a casa al terminar la feria, ya que esa tarde había baile en la villa. Tomaron algo con un grupo de amigos, después comieron unas pizzas en San Claudio y a continuación fueron al baile. Nadie del grupo con el que compartieron esa amena jornada tuvo ningún síntoma, salvo ellos dos, que comenzaron a sentirse mal once días después, concretamente el 23 de marzo. De hecho, uno ingresó en el hospital ferrolano al mediodía y el otro esa misma noche.

«Enfermaron os dous o mesmo día; el morreu o 11 de abril e miña nai saíu esta semana da uci», recordaba estos días su hijo Manolo. Antonio tuvo que ser trasladado a la unidad de cuidados intensivos del Arquitecto Marcide cuando llevaba tres días ingresado y, finalmente, no logró hacerle frente al virus, que posiblemente se aprovechó de sus patologías coronarias previas. Su única nieta, Martina, de cinco años, echa en falta a su abuelo y los paseos que le daba por Couzadoiro en su vieja moto, que él utilizaba para ir a ver los montes y las fincas y que a la pequeña le encantaba, como también se mostraba muy feliz cuando sus papás trabajaban y sus abuelos Antonio e Isabel la llevaban al colegio y después la recogían.

 Siguiendo la normativa de la todavía vigente situación de alarma, Antonio recibió sepultura, sin velatorio previo, el 12 de abril, con el único acompañamiento de su hijo Manolo, su nuera Geny y sus dos hermanos, Laureano y Suso, que se arriesgaron a contravenir la orden de solo tres personas por entierro.

Mientras este hombre curtido en oficios duros, como el mar, la cantera y la carretera, era derrotado por el coronavirus, su esposa mantenía una dura batalla en la uci. Isabel tuvo la gripe A hace once años, por lo que también fue considerada persona de riesgo, pero, aún así, está logrando salir adelante, no sin grandes sufrimientos. De hecho, hace dos semanas, cuando estaba a punto de ser trasladada a planta, sufrió una parada cardíaca, de la que logró salir gracias al esfuerzo de los médicos y el personal sanitario que la atendía. El pasado lunes, ya sin coronavirus, porque las pruebas que le realizaron en días sucesivos dieron negativo, logró que la subieran, por fin, a una habitación normal del hospital, para continuar con la recuperación. En casa la espera su nieta, Martina, para darle los mimos que la ayuden a superar este duro trance.